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Es otra manera complementaria de enfocar el tema ecológico: reflexionar y acentuar a partir de gestos y acciones colegiales: • En un mundo en el que a algunos nos sobra de todo, realizar el milagro continuo de que de la basura surja vida, riqueza… • Tener experiencias de resurrección concreta: lo que tiramos, lo que no vale, lo que no sirve… puede ser útil (¡muy útil!) y dar vida… • Compartir lo que somos, lo que tenemos, lo que nos sobra... Como cristianos debemos luchar para llevar a la práctica con gestos concretos esta escala de valoración. • La tradición cristiana defiende que una manifestación de Dios es la naturaleza… ¿Por qué no descubrir su presencia en segundas oportunidades que le damos a las personas, a las cosas, a la propia naturaleza? • Descubrir el misterio de la naturaleza y de sus múltiples valores. • Realizar en lo cotidiano la multiplicación de los panes y de los peces... Se puede traducir en reutilizar una y otra vez elementos que salen de la creación humana y de la naturaleza. • Ir contra corriente de una cultura que defiende el “usar y tirar” de elementos materiales, pero que se va incorporando a las relaciones humanas… y defender el perdón, el otro punto de vista, la creatividad, el volver a intentarlo, el reciclado... • Pasar de la opulencia a la austeridad (que no tacañería); valorar lo que tenemos y utilizarlo una y mil veces. • Descubrir que la pertenencia última de las cosas es de la colectividad, de la comunidad, de todos nosotros… • Recuperar la espiritualidad de San Francisco de Asís: acercamiento a la naturaleza, a la vida, a la ecología... • (Se pueden concretar otras muchas más acciones...)
Éstas y otras intuiciones nos pueden ayudar a realizar reflexiones explícitas cristianas de una experiencia tan humana (y tan cristiana) como es la ecología. (Misión Joven)
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